LA PRIMERA SESIÓN
No hace falta que dejés de pensar.
Sólo descubrir que no todo lo que piensas eres tú.
Durante miles de años, el ser humano bailó antes de tener palabras para explicar lo que sentía. Bailó para pedir lluvia, para despedir a sus muertos, para celebrar la cosecha, para sanar. El cuerpo sabía cosas que la mente aún no podía nombrar.
En algún momento de la historia, eso cambió. La danza se convirtió en espectáculo. El cuerpo, en instrumento. Y aprendimos a observarnos desde fuera — a preguntarnos si lo estábamos haciendo bien, si teníamos el ritmo, si éramos suficientemente coordinados.
Aquí no hay espectáculo. No hay técnica. No hay forma correcta.
Hay un cuerpo. Hay música. Y hay lo que ocurre cuando les das permiso para ser encontrado.

Para venir necesitas:
Ropa cómoda. Vestirte por capas. Una botella de agua. Curiosidad.
No necesitas saber bailar. No necesitas hacer meditado nunca. No necesitas estar bien/motivada/con ganas, etc.
Llegas y tal como estás atraviesas tu estado para viajar a otro.
Lo que suele pasar en la primera sesión
La primera vez suele parecer extraña. Como todo!!
No porque haya algo difícil de aprender, sino porque durante mucho tiempo hemos vivido casi exclusivamente desde la cabeza.
Llegar a un espacio donde el cuerpo tiene voz propia puede sentirse… raro.
Incluso incómodo.
La mente hace su trabajo: opinar. juzgar. Y aquí es el punto de inflexión, donde diferencias qué es lo que tu mente dice y qué tu voz interior, y esta sale tras poner el foco en el cuerpo.
El cuerpo empieza, poco a poco, a participar en esa conversación interna. Y cuando eso sucede, aparecen respuestas que no llegan desde el análisis. Llegan desde la vivencia, no del razonamiento.
El cuerpo no miente. Puede que tarde en hablar, pero cuando lo hace, dice la verdad.
Qué ocurre en una sesión
Cada sesión es una ola completa de movimiento — dos horas aprox que atraviesan los 5RITMOS de forma natural, sin que tengas que pensar en cuál estás.
Comenzamos preguntando al cuerpo cómo está ahora mismo. No la respuesta que darías en voz alta — la que siente el cuerpo antes de que la mente la traduzca.
Trabajamos con la diferencia entre la mente pensante — la que juzga, analiza y compara — y la voz interior, la que sabe sin necesidad de argumentos.
Volvemos a preguntar. Una y otra vez. La repetición no es rutina. Es lo que va ligando la práctica, lo que construye el camino.
«No buscamos la perfección del movimiento. Buscamos la honestidad del movimiento.»

MI PRIMERA SESIÓN
En mi primera sesión me pasé veinte minutos juzgando a todos y cada uno de los que estaban en la sala.
Después vino el «no me gusta esta música», «aquí la gente es muy de retiro de palo santo…», «¿qué estoy haciendo aquí?».
Lo siguiente fue juzgarme a mí. No me gustaba cómo bailaba. Me decía que lo estaba haciendo mal y, otra vez, me preguntaba qué hacía yo ahí.
Hasta que me cansé de mí misma. Dejé atrás todos esos pensamientos, me liberé y simplemente bailé, dándome el gusto. Sin más.
Y ahí atravesé el umbral.
Con el tiempo descubrí que mover lo invisible hace también cambios invisibles pero notables. El misterio del poder que tenemos en realidad, que es mucho más grande de lo que sabemos.
Y en el camino me encontré con tantos compañeros, mentores, profesores, amigos… desde abogados, médicos, artistas, músicos, psicólogos… con quiern comparto el mismo mindset: el conscious living.
— Emma Llaneza, 2016